Todos tenemos miedo a cometer errores. Es parte de la condición humana, también condicionada en parte por un sistema que castiga los errores y premia los aciertos. Y sin embargo, el derecho a equivocarse es parte fundamental de nuestro aprendizaje y progreso personal.

El derecho a equivocarse, herramienta esencial del desarrollo personal

Todo en la vida se aprende de la misma manera. Se investiga (o estudia), se prueba y se aprende a base de errores y aciertos. De hecho, la prueba y error forma parte importante del método científico. Ya sabéis, se formula una teoría y se hacen experimentos para ver si es o no cierta. Como reza el dicho popular, “de los errores se aprende”. Y a veces se aprende más que de los aciertos.

De los errores se aprende.

Así pues, aprender a aceptar los errores no sólo como algo que a veces es inevitable sino como algo que es incluso provechoso es fundamental en el proceso de crecer. Y en todos los campos. No sólo en los estudios. También en nuestra forma de afrontar la vida o nuestras relaciones personales los errores son en realidad oportunidades de las que aprender.

Lo malo no es equivocarse, sino no seguir intentándolo

Muchos conoceréis una anécdota de Thomas Alva Edison que es personalmente una de mis favoritas. El famoso inventor había intentado cientos de prototipos fallidos de la bombilla antes de llegar finalmente a un modelo viable y funcional. Un periodista le preguntó cómo se sentía ante los cientos de fracasos que había cosechado. Edison contestó: “No fracasé. Descubrí 999 maneras de no hacer una bombilla“.

Esta frase nos enseña lo importante que es no dejarnos vencer por los errores, sino aprender de ellos. Y seguir buscando el acierto. Si Edison se hubiera rendido en el cuarto intento, o en el intento número quinientos (momento en el cual muchos hubiéramos tirado la toalla), quizás la invención de la bombilla se hubiera retrasado años o décadas. Pero aprendió de los errores (de esas 999 maneras de no hacer una bombilla) y finalmente consiguió el éxito.

No debemos dejarnos vencer por los errores, sino aprender de ellos.

Otros grandes hombres tampoco se dejaron vencer por los errores cometidos. Pensemos en Steve Jobs, por ejemplo. En su primera época en Apple consiguió algunos logros, pero nunca logró que su empresa fuera la gran potencia empresarial que hoy en día es. Incluso le echaron de Apple. Y cuando volvió (a pesar de haber conseguido mientras tanto éxitos como la creación de los estudios Pixar), lo hizo revolucionando la industria con el iPod y, sobre todo, el iPhone, que cambió para siempre nuestra manera de comunicarnos.

Muchos personajes de éxito tienen detrás una historia de intentos fallidos detrás. El factor común de todos ellos es que no se dejaron vencer por los fracasos. Siguieron intentando buscar su camino, hasta que acertaron de pleno.

El miedo a equivocarnos puede bloquearnos

El principal problema es que a lo largo de nuestra vida hemos recibido presiones para no equivocarnos. Para no suspender exámenes, para no cometer errores en nuestro trato con nuestras amistades, etc. Esto nos ha llevado a tener cierta aprensión ante el error.

El peligro de esta aprensión es que muchas veces, aún estando insatisfechos con algún aspecto de nuestra vida, esperamos a encontrar un camino nuevo que sea 100% seguro. Porque no queremos equivocarnos otra vez.

Lo malo es que muchas veces no existen los caminos seguros. A veces hay que arriesgarse a fallar. Y aunque el dejar las cosas como están puede ser lo más cómodo, o lo menos arriesgado, a veces es el mayor error de todos. Porque nos quedamos atrapados en situaciones que no nos gustan o que nos producen insatisfacción.

Esto no implica, por supuesto, correr riesgos a tontas y a locas, sin valorar y analizar las situaciones. No. Simplemente, requiere analizar qué no nos gusta de una situación, valorar posibles maneras de cambiarla, y decidirnos por una, aunque corramos el riesgo de equivocarnos. Y en muchas ocasiones, si una solución no ha funcionado, sólo hay que probar otra, aprovechando lo que hemos aprendido en el intento fallido.

El miedo a las consecuencias

El bloqueo ante una situación que requiere un cambio viene muchas veces motivado por el miedo a las consecuencias en caso de que salgan mal las cosas. Este miedo es totalmente entendible. Pero muchas veces (aunque cada caso es diferente), las consecuencias reales que sufrimos cuando al final intentamos algo y fallamos son menores que las imaginadas. Y si no lo son, por otro lado, son un factor ya conocido que debemos afrontar.

El miedo al error nos puede esclavizar en situaciones que no nos gustan.

Así pues, a la hora de afrontar situaciones tenemos, por supuesto, que analizar bien todas las posibilidades, los pros y los contras, hasta decidir qué camino tomar. Y una vez elegido, no tener miedo al error (aunque tampoco lo busquemos, por supuesto). Simplemente estar preparados para que, en el caso de que no tengamos éxito, afrontemos las consecuencias del mejor modo posible y nos preparemos para volver a intentar un nuevo camino.

 

Y es que, si el miedo a fracasar nos puede paralizar, el concedernos a nosotros mismos el derecho a equivocarnos nos hará un poco más libres. Recordad: los éxitos nos esperan al final del camino si perseveramos con cabeza y aprendiendo de nuestros errores.